> ## Content Index
> Fetch the complete content index at: https://www.fierreros.cl/llms.txt
> Use this file to discover other available public pages before exploring further.

# 06.- Sitio por sitio
- URL: https://www.fierreros.cl/sirio-por-sitio/
- Published: 2026-10-02T16:03:42.000Z
- Updated: 2026-10-09T22:33:59.000Z
- Description: Antes de fundar Armatec, Ricardo Allel vendía juguetes de noche en una feria de La Cisterna y de día recorría Chile con una brújula buscando antenas para el despliegue del primer 3G. La historia de cómo terminó cargando una bolsa de llaves que sostenía, literalmente, el acceso a la red.
- Author: Ricardo Allel
- Tags: Ricardo Allel, Telecomunicaciones, Infraestructura Crítica Inteligente

En el año 2006 si querías llamar la atención de alguien por MSN Messenger le mandabas un zumbido y entonces la ventana entera se sacudía en la pantalla. Y si se trataba de alguien que te gustaba mucho, incluso podías mandárselo "sin querer". En ese tiempo no existía el iPhone y el Fotolog era el espacio que movía las conversaciones y las pasiones de la naciente era digital de las redes sociales. Daddy Yankee sonaba en todas las radios y playas con la Gasolina. Y si tenías que llegar a un lugar que no conocías, muchas veces imprimías un mapa antes de salir, porque el teléfono era, principalmente, un teléfono. Ese fue el mundo en el que entré a telecomunicaciones.

Dos años antes había egresado de Dibujante Proyectista, con una vida laboral bastante menos sofisticada de lo que uno imagina mirando hacia atrás. Había hecho la práctica, algunos pitutos dibujando, y trabajado en varias cosas para pagarme los estudios. Mis papás tenían un negocio en el Líder de Puente Alto, globos con helio, y en algún momento descubrí que vendía bastante más si me vestía de payaso, me amarraba los globos al cinturón y me paseaba así por todo el mall. Así que eso hice. Después animé cumpleaños, hice otros pitutos, y todas las navidades ponía un puesto de juguetes en esa feria que se instalaba al costado de la municipalidad de La Cisterna, por el paradero 24, que abría cerca de las ocho de la noche y muchas veces cerraba pasadas las dos de la mañana. En diciembre de 2006 todavía lo hacía, aunque durante el día ya tenía mi primer trabajo formal. Tengo una foto de esa Navidad detrás del puesto de juguetes. Arriba dice "el mejor trabajador del año 2006". No era un reconocimiento de Ericsson ni de Entel. Era de la feria navideña. Y me gusta mucho esa foto, porque mientras de noche vendía juguetes en La Cisterna, de día estaba participando, sin entender todavía la dimensión de lo que ocurría, en uno de los mayores saltos tecnológicos que ha vivido Chile.

![Contenido del artículo](https://media.licdn.com/dms/image/v2/D4D12AQEVbiNcLD4NPw/article-inline_image-shrink_1000_1488/B4DaB3P.E5JYAI-/0/1788707070508?e=1792627200&v=beta&t=xoYl6xXoN5lG_2hrIfM4bIKI1huRPpEbLToNKJd0rU8)

En marzo de ese año tuve mi primera entrevista laboral formal. Me entrevistó Rodrigo Vidal y entré a SIRTECOM como dibujante proyectista, mi primer trabajo de verdad. No voy a adornarlo veinte años después, era bastante limitado, mi TDAH no ayudaba mucho a pasar horas sentado frente a un computador, y si la memoria no me falla todavía usaba AutoCAD R14, una versión que incluso para 2006 ya era antigua. Pero había otra parte del trabajo que sí me fascinó desde el principio, el terreno. SIRTECOM trabajaba como contratista de Ericsson haciendo *Technical Site Surveys*, los TSS, para el proyecto 3G de Entel, y ahí empecé a entender que una red de telecomunicaciones no era una cosa abstracta, sino que era también un camino, una torre, una coordenada, una puerta, una persona.

Salíamos dos en una camioneta a buscar el sitio y subir, medir, fotografiar, registrar alturas, azimuth, down tilt, antenas, disponibilidad, accesos y estructuras, y después esa información terminaba convertida en planos. Hoy en día uno abre Google Maps, tiene Street View, y Waze dice con precisión por dónde doblar. Pero en 2006 muchas veces nosotros teníamos una coordenada, una referencia y una brújula, y con eso había que encontrar la antena con instrucciones del tipo "después del puente toma el camino de tierra" o "cuando se termine el cerco, dobla".

En oportunidades el camino simplemente se acababa, o simplemente ocurría que el sitio estaba metido en un bosque, en una parcela o literalmente en la punta de un cerro. Me tocó desplazarme en 4x4, caminar, subir a caballo, cruzar en transbordadores. Me la pasé recorriendo Chile en busca de lugares donde muchas veces había llegado primero la necesidad de conectividad que un camino decente para llegar a ella.

Fotografiábamos la entrada, el camino, un portón, una curva, dejábamos coordenadas y referencias para que la siguiente persona que tuviera que llegar ahí no se perdiera igual que nosotros. Hoy lo miro en retrospectiva y pienso que estábamos creando data. En ese momento solo decíamos que había que hacer el *survey*.

![Contenido del artículo](https://media.licdn.com/dms/image/v2/D4D12AQFqs8cA1xKmFA/article-inline_image-shrink_1500_2232/B4DaB3QqHQKwAQ-/0/1788707251024?e=1792627200&v=beta&t=QOAjp1eTZF9kBAWd-Y0K3jb2g-kcNbv3uaj0LyEj2C8)

Mi primera subida a una torre fue igual de poco ceremonial. Había que subir, y de alguna forma esa era la prueba de entrada al rubro porque si podías subir seguías, si no, entonces las telecomunicaciones probablemente no eran para ti. Guardo con cariño y orgullo esa foto de esos primeros meses cuando me subí por primera vez arriba de un monoposte, afirmado con las dos manos. Recuerdo que ese día había muchísimo viento y que el poste se movía tanto que yo estaba convencido de que se podía caer. Mi compañero era Samuel, uno que yo encontraba parecido a Bob Patiño, y en un momento le pregunté, completamente en serio, "Samuel, ¿esta cuestión se puede caer?". Yo estaba muerto de miedo.

Con el tiempo uno aprende que las estructuras se mueven porque también aprende a leerlas, a confiar. Pero la primera vez no sabes nada de eso, solo sabes que estás arriba, que el viento empuja, que el monoposte se mueve contigo, y que ahí equivocarse tiene consecuencias bastante distintas a equivocarse en AutoCAD.

Ese era mi 2006, *surveys* durante el día y juguetes por la noche en diciembre, mientras Chile entraba en otra era.

En diciembre de ese año @**Entel PCS** lanzó, junto a **Ericsson**, la primera red comercial 3G de Latinoamérica. Hoy los 700 Kbps que llegaban a esos primeros teléfonos nos darían risa, pero en ese momento parecía futuro, internet, correo, videollamadas, banda ancha móvil, módems USB, Sony Ericsson, Nokia, BlackBerry y todavía faltaba un año para el primer iPhone. Cuando miro 2006 desde 2026 reconozco que en ese tiempo tenía una sensación parecida a la que vivimos hoy con la inteligencia artificial, precisamente porque sabemos que algo grande está ocurriendo, tratamos de entender hasta dónde va a llegar, pero es seguro que no podemos imaginar todavía cómo se va a ver la vida dentro de veinte años.

Con el 3G pasaba algo parecido. Nos levantábamos pensando que estábamos cambiando el mundo, que teníamos demasiado trabajo para eso, que había que entregar un *survey*, encontrar otro sitio, corregir un plano, volver a terreno. Pero de repente aparecía un comercial de Entel hablando de banda ancha móvil y uno hacía la conexión, y eso que salía en televisión era la misma red que estábamos construyendo arriba de esos cerros. Sitio por sitio.

A comienzos de marzo de 2007 volví de vacaciones y me dijeron que tenía que presentarme en Ericsson. Todavía recuerdo lo raro que me resultó, unos meses antes yo hacía planimetrías para que las revisara "la gente de Ericsson" y de repente estaba sentado en la misma oficina que ellos. Seguía siendo subcontratado, pero para mí el salto era enorme. Tenía apenas un año de experiencia formal y estaba entrando al lugar donde, desde mi perspectiva, ocurría lo más importante de las telecomunicaciones chilenas. Había gente que llevaba años desplegando redes, compañeros que venían de proyectos en Costa Rica, ingenieros que hablaban de radio, transmisión y capacidad con una naturalidad que a mí me impresionaba. Yo me sentía muy pequeño, rodeado de gigantes, pero quería quedarme ahí, quería aprender. Me había apasionado con ese mundo, tanto que en 2008 entré a estudiar Ingeniería en Telecomunicaciones en INACAP, trabajando de día y entrando a clases cerca de las seis y media, saliendo casi a las once, muchas veces teniendo que salir de la sala a contestar el teléfono porque telecomunicaciones no dormía. Así estuve cerca de dos años, cansado y fascinado a la vez.

![Contenido del artículo](https://media.licdn.com/dms/image/v2/D4D12AQEEGKzEX-goMg/article-inline_image-shrink_1500_2232/B4DaB3SEpHJoAQ-/0/1788707621870?e=1792627200&v=beta&t=zuZkqR2eHKygTG_SlGj7amZCRm949YGyPJT1WxDtwfo)

Lo curioso es que mi primera responsabilidad en Ericsson no tenía nada de sofisticada, era ir a buscar llaves y devolverlas, todos los días. El proyecto estaba creciendo, cada vez había más contratistas haciendo *surveys* e implementaciones en cientos de sitios, y para entrar necesitábamos acceso. Muchos de esos sitios estaban dentro de casas, empresas, parcelas, recintos técnicos, con portones y candados, y la persona que llevaba buena parte de esa responsabilidad dentro de Entel era don Jaime González, que tenía fama de carácter duro y a quien yo le tenía mucho respeto. Hoy entiendo mejor por qué, y es que imagínate el tener que gestionar accesos a nivel nacional casi solo mientras alrededor crece un proyecto de esa magnitud.

Durante el día me llegaban las solicitudes. Qué contratista necesitaba entrar, a qué sitio, qué día, para qué trabajo, y yo tenía que consolidar todo y coordinar con él. Había una frase que podía arruinarte la tarde, "esa llave todavía no vuelve", porque no era la llave de una bodega nuestra, podía ser la llave de la casa de una persona, o de un sitio donde al día siguiente otro técnico necesitaba trabajar, y había que recuperarla sí o sí.

Al principio iba en radiotaxi a la Torre Entel en la mañana y volvía en la tarde. Con el tiempo fui ordenando la operación, unas veinte llaves por jornada, cada una con su nemónico, VR323, RM, RA, SA, metidas en una bolsa plástica que después iba dentro de mi mochila.

Todavía me parece una imagen extraordinaria, Chile desplegando una de las redes móviles más avanzadas de Latinoamérica y una pequeña parte de ese futuro viajando conmigo en una bolsa llena de llaves. Pero sin esas llaves no pasaba nada, sin acceso no había *survey*, y entonces sin *survey* no había ingeniería y, como consecuencia, sin ingeniería no había implementación, y sin sitios irradiando el 3G seguía siendo simplemente un comercial bonito.

Con don Jaime me costó ganarme la confianza, no bastaba con caerle bien, había que cumplir y si decía que una llave volvía entonces esa llave tenía que volver. Así fue pasando el tiempo hasta que empezó a darse cuenta de que podía apoyarse en mí, y entonces algo cambió. Empecé a gestionar accesos directamente, después vinieron horarios, solicitudes con anticipación, reglas de retiro y devolución, coordinaciones con más contratistas y, más adelante, códigos SMS para retirar llaves.

Lo que había empezado siendo "anda a buscar y devolver las llaves" terminó siendo una función organizada dentro del proyecto. No sé si inventé el primer departamento de acceso de las telecomunicaciones chilenas, no tengo cómo demostrarlo, pero sí sé que esa función se volvió cada vez más importante y lo sigue siendo. Hoy hay plataformas, candados bluetooth, trazabilidad, empresas especializadas, pero los sitios siguen siendo físicos, todavía alguien tiene que abrir la puerta.

Con cada acceso aprendíamos algo. Ya fuera con quién hablar, qué señora autorizaba, qué administrador servía, qué empresa no abría los fines de semana, qué sitio necesitaba aviso previo, o qué llave daba problemas. Cada acceso dejaba información, y cuando esa información se acumulaba dejaba de ser solamente información. Hace poco escribí en [***Sitio fallido***](https://www.linkedin.com/pulse/sitio-fallido-ricardo-allel-gvlzf?ref=fierreros.cl) que el plano te dice dónde está la antena y la historia del sitio te dice cómo llegar a ella. Creo que empecé a aprender esa diferencia ahí, sin saber todavía cómo llamarla.

El proyecto seguía creciendo, la meta ese año era 500 sitios, pero quinientos sitios no significaban quinientos accesos, un mismo sitio podía necesitar una entrada para el *survey*, otra para la implementación, otra para algo pendiente, otra para levantar información y cerrar el as-built.

Quinientos sitios podían convertirse fácilmente en más de mil de coordinaciones, y cada una podía detener toda la cadena, mientras en paralelo había que construir sitios nuevos, instalar, levantar feeder, antenas, equipamiento, revisar, corregir, dejar el sitio radiando.

Había muchas empresas trabajando al mismo tiempo, *SIRTECOM*, *Tecnotel*, *Olavarría* entre otras, y había mucha gente desplegada por Chile que probablemente nunca apareció en una noticia sobre el lanzamiento del 3G pero que fue la que lo hizo posible. Eso es quizás lo que uno entiende solo después, que el 3G aparece hoy en una línea de tiempo como una fecha, pero para nosotros eran caminos, llaves, planos, torres, permisos, personas, un sitio, después otro, después otro.

Y mientras el despliegue avanzaba apareció otra dificultad. La gente quería señal, pero no necesariamente quería una antena cerca. Circulaban mitos sobre el cáncer, había conflicto con comunidades, y existía también un problema económico bastante evidente porque el propietario del terreno en que se levantaba una antena podía recibir dinero mientras el vecino recibía la sombra y la vista de una estructura enorme al lado de su ventana. Entonces fue empezaron a aparecer los monopostes camuflados, de palmera, de árbol, de araucaria, para que la antena dejara de parecer una antena. En algunos lugares resultaba tan bien que alguien podía pasar al lado sin darse cuenta de lo que estaba mirando. Pero si quieres que un monoposte parezca una palmera, ponerle una escalerilla metálica enorme por el costado destruye completamente el efecto, y si esa estructura está además dentro del patio de una casa en Vitacura, Las Condes, Providencia o Lo Barnechea, tampoco puedes simplemente meter una grúa donde quieras. Habíamos aprendido a esconder la antena. Ahora había que descubrir cómo trabajar arriba de ella.

Yo aprendí telecomunicaciones a la antigua, con tipos que tenían harto terreno en el cuerpo, que habían trabajado en cerros, en el norte, en el sur, con lluvia, con viento, en selva, en proyectos fuera de Chile, técnicos que muchas veces llegaban a un problema para el cual todavía no existía un procedimiento perfecto y lo resolvían igual. A mí en esos años me decían el *Rumpy*, y era el cabro nuevo, el mismo que le preguntó a Samuel si el monoposte se podía caer; el que llevaba llaves en una bolsa y que todavía estaba tratando de entender dónde se había metido.

Uno de esos tipos que para mí eran gigantes era Osvaldo Guerra, el Gato, que terminó siendo uno de mis grandes amigos dentro de las telecomunicaciones y uno de los que más me enseñó. Falleció hace algunos años, yo me enteré después, y todavía me pesa no haberlo sabido en ese momento. Tengo una foto con él que ahora me produce algo distinto, porque cuando uno es joven cree que esas personas van a estar siempre, que siempre va a haber otro proyecto, otro sitio, otra torre, otra talla, otro día de pega.

![Contenido del artículo](https://media.licdn.com/dms/image/v2/D4D12AQGmT8vP_9qx5g/article-inline_image-shrink_1500_2232/B4DaB3Ub8CIQAY-/0/1788708241387?e=1792627200&v=beta&t=Q8GtiC5_sNynN9-K_Vp9RU0kIMPyZlAIs6Apw_kXNAc)

Junto con Osvaldo Guerra, el Gato

Ericsson cumple este año 80 años en Chile y publicó una línea de tiempo con sus centrales digitales, GSM, 3G, 4G, 5G. Si uno la mira descubre que no está viendo solamente la historia de una empresa, también está viendo parte de su propia vida, porque detrás de cada uno de esos hitos hubo miles de personas, don Jaime cuidando accesos, Rodrigo Vidal haciéndome mi primera entrevista, Samuel arriba de una torre conmigo, contratistas recorriendo el país, dibujantes, ingenieros, conductores, técnicos, gente como el Gato, que probablemente no van a aparecer nunca en una cronología corporativa pero son las personas y los rostros sin los cuales esa cronología tampoco existiría. Y quizás eso es lo que más me golpea al mirar esas fotos... no el demostrar que yo estuve ahí, sino recordar con quiénes estuve ahí.

Mirando en retrospectiva el camino luce distinto cuando se lo recorre de vuelta.

Han pasado 20años. En ese momento yo no sabía que iba a crear Armatec, ni tampoco que le iba a dedicar buena parte de mi vida a infraestructura crítica. Tampoco imaginaba que años más tarde iba a tener que dejar la carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones a medio camino. A estas alturas del recorrido sé que no tenía un plan maestro y que ni siquiera sabía si era particularmente bueno en algo. Lo cierto es que tenía mi primer trabajo formal, una feria navideña por las noches, una bolsa con llaves, un AutoCAD viejo, mucho miedo arriba de algunas torres y unas ganas enormes de seguir metido en ese mundo.

En 2006 el futuro se llamaba 3G, y llegó a Chile, pero no llegó de una sola vez. Llegó como llegan casi todas las transformaciones que de verdad cambian algo, sitio por sitio.

\*\*\*

Y mientras levantábamos esa red todavía nos faltaba resolver algo mucho más básico y a la vez más importante: ***cómo cresta subir de manera segura hasta arriba para instalar esas antenas*.** En ese momento todavía no sabía que esa pregunta me iba a cambiar la vida. Pero esa historia viene después.

\*Artículo publicado originalmente en el [Boletín Armatec de LinkedIN](https://www.linkedin.com/pulse/sitio-por-ricardo-allel-lfsdf/?ref=fierreros.cl)