Aluvión en Las Condes: el umbral de lluvia estaba en un informe de febrero
Sernageomin le recomendó a Senapred vigilar la lluvia que activa las quebradas de Las Condes. El 8 de octubre, Senapred explicó el aluvión como un evento súbito y dijo que en Chile no existe monitoreo de remociones en masa.
La noche del 8 de octubre, la directora de Senapred, Alicia Cebrián, explicó por qué no hubo mensaje SAE de evacuación en San Carlos de Apoquindo. El evento fue súbito, dijo, y en Chile no existe monitoreo de remociones en masa. El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, dio la cifra: unos 15 milímetros de lluvia en un lapso corto.
El Reporte Técnico 02/2026 de Sernageomin, fechado el 11 de febrero y pedido por la dirección regional de Senapred según el propio informe, ya tenía a la vista una cifra de ese orden. El documento evaluó el aluvión del 31 de enero en las quebradas La Honda, Grande, Los Almendros y Apoquindo. Ubicó la zona dentro del área de alto peligro de un mapa que el servicio publicó en 2003, y citó de ese estudio que las quebradas tienen potencial de flujos de detritos ante lluvias de más de 10 mm por hora. El 31 de enero bastó menos: con un máximo de 4 mm por hora, sobre una cuenca quemada un mes antes, se dañaron 22 viviendas.
Entre otras medidas, el informe le recomendó a Senapred una mesa técnica permanente que produjera planes de evacuación, y el monitoreo sistemático de las variables meteorológicas que desencadenan los flujos en la cordillera de Las Condes. Cebrián habló de algo más complejo, detectar el movimiento de la ladera. Lo que pedía el informe era anterior a eso: medir la lluvia. Si los 15 milímetros que citó Pavez cayeron en menos de hora y media, el 8 de octubre se superó la intensidad que el informe recogía del estudio de 2003.
Según Reportea, en la primera semana de febrero llegaron al municipio otros dos informes, firmados por el montañista Carlos Valdivia y publicados por ese medio. Valdivia dice que también los envió al Gobierno Regional. El segundo pedía definir umbrales meteorológicos de alerta, con un principio que dejó escrito: la evacuación preventiva se hace antes del evento, no durante el aluvión.
El convenio de las barreras se firmó 177 días después del informe de Sernageomin. El 7 de agosto, la Municipalidad y el Club Deportivo Universidad Católica acordaron instalar cinco barreras dinámicas con fondos del MOP, operativas en unos 90 días. El aluvión llegó el día 62. La obra iba dentro de su plazo, como anotó Ex-Ante, y según la alcaldesa la instalación partía el sábado 10.
El comunicado de agosto trae el dato que une a las dos instituciones: las mallas iban a llevar sensores para medir su llenado. Era el único instrumento de medición en la quebrada que aparece en los anuncios públicos, y venía montado en la obra pendiente. Los comunicados municipales de julio describen la vigilancia con equipos en terreno, maquinaria y el Centro de Monitoreo Urbano, y no mencionan medición de lluvia en la cabecera.
El biministro Louis de Grange sostuvo que ninguna medida preventiva habría evitado el aluvión, y que el diseño de los ductos de General Blanche no permitía contener ese volumen. En febrero, Sernageomin había inferido que el primer aluvión respondió, entre otras causas, a deficiencias en las obras de mitigación. Valdivia fue más específico: escribió que la convergencia de quebradas en ductos pequeños era “el principal punto de riesgo urbano”.
La Fiscalía Oriente abrió una investigación para establecer eventuales responsabilidades penales. El resto de lo que se pidió en febrero (señalética, información a los vecinos, estudios hidrológicos, un catastro de viviendas expuestas) no deja rastro en el registro público. Hay documentos que ayudarán a saber qué se hizo con las recomendaciones y son, las actas de la mesa técnica, si llegó a sesionar, y la resolución del MOP que financia las barreras.